LAS SEIS VIRTUDES DEL CORAZÓN
Lo siguiente es un punto inicial para su propia definición, de modo que puedas adornarlas
de acuerdo a tu propia experiencia y percepción.
En un nivel más
práctico, el agradecimiento se expresa a sí mismo en los pequeños gestos de
gratitud que sostienen la lealtad y unidad de las relaciones. Los más profundos
niveles de agradecimiento hacen genuinas las expresiones de nivel relativamente
superficial debido a que provienen de frecuencias del alma en lugar de los
motivos del ego o de la mente.

Compasión: Muchos
maestros han hablado elocuentemente sobre la compasión como la comprensión
profunda del sufrimiento de otro combinado con el deseo de aliviar ese
sufrimiento. En el contexto de la nueva inteligencia que se está asentando en
nuestro planeta, la compasión es un deseo activo de ayudar a otros a alinearse
con los nuevos campos de inteligencia que se están manifestando en el mundo
tridimensional, consciente que su deseo y habilidad para alinearse está
distorsionado por su culturización social; ya que esta no refleja fielmente su
inteligencia, inclinaciones espirituales o propósito.
La compasión por lo
tanto se extiende tanto a nuestros compañeros como al planeta en sí mismo con
la toma de conciencia de que somos parte del destino de todos aunque solo sea
durante un periodo de vida. El planeta y la persona danzan en las corrientes
ascendentes de la Primera Fuente en un proceso conjunto de regeneración y
renovación. Todos somos parte de las misteriosas oberturas y trascendencia
energética que está ocurriendo entre la Tierra y el universo, y a medida que la
Tierra transforma sus densidades acumuladas, cada uno de nosotros es desafiado
a transformar las suyas, o volverse cada vez más integrado en nuestros miedos y
confusión emocional.
Cuando una injusticia
percibida entra a nuestra experiencia —sin importar cuan significativa sea o si
percibimos que nosotros mismos somos la causa o el efecto— podemos inicialmente
reaccionar con las agudas emociones de hacernos la victima o de la irritación,
pero este desorden emocional puede ser rápidamente despejado sustituyendo tu
sensación de ser la victima o irritación con el entendimiento y la compasión.
El perdón es
realmente la expresión externa del entendimiento y la compasión sin los pesados
sentimientos de dualidad (es decir, bueno o malo) que normalmente introducen la
presencia del juicio. Ésta es una expresión neutral sin ningún otro diseño o
propósito que auto-liberarte de las garras del tiempo, que son similares a
arenas movedizas energéticas, enmarañándote energéticamente a un estado
emocional basado en el tiempo.
En los materiales
religiosos, psicológicos y filosóficos de nuestro planeta hay gran
consideración dada a la mente. Así como piensa un hombre así es. En un nivel
más granular, mucha gente cree que lo que piensa causa sus sentimientos, lo que
a su vez crea su tasa vibratoria y esta tasa vibratoria atrae su experiencia de
vida. Así, aplicando esta lógica, el modo de atraer cosas buenas en nuestra
vida es pensar correctamente, para no atraer el mal o situaciones difíciles.
La humildad entiende
que el ser que tú representas —tu identidad total— no está conformada según una
reacción en cadena de la mente. Sino más bien, ésta es la presencia del amor
encarnado en forma humana, y este amor se expresa a sí mismo en las virtudes
del corazón, en el intelecto puro de la mente contemplativa, y en las
actividades co-creativas del corazón, mente y alma. La humildad es la expresión
de esta frecuencia de amor sabiendo que ésta se deriva desde lo que ya existe
en una dimensión superior, y en esta dimensión, el amor no es una cosa de
pesadez de sentimientos y emociones. Es una fuerza liberadora donde todos somos
uno, todos somos iguales, todos somos divinos, y todos somos inmortales.
Es un hecho que
nosotros estamos compuestos de amor en nuestra estructura fundamental, y es
esta frecuencia de amor la que es la base de nuestra conciencia inmortal o
alma. Todas las densidades más bajas son sombras de esta luz y operan en el tiempo-
espacio, lo cual provee una envoltura de densidad y separación de esta
frecuencia primordial de amor. Los mundos de tiempo-espacio alteran o diluyen
esta conexión que sentimos en la estructura energética primordial de la que
todos estamos constituidos, y esto disminuye nuestro sentido de conexión no
solo con nuestra divinidad, sino con Dios y toda la vida.
En este punto está la
paradoja del ser humano: nuestra estructura más íntima es amor divino y nuestra
estructura externa es un medio de experiencia para la estructura más íntima,
pero hemos sido encarrilados por el vehículo externo a tal grado que nos
identificamos más con este último que con el ocupante —nuestro verdadero ser—
del interior.
Todos nosotros
sentimos esta disociación con nuestro verdadero ser y la sobre-identificación
con nuestro vehículo (el instrumento humano); tal vez solo en ese grado de
identificación es que hay alguna diferencia entre nosotros. El entendimiento es
el aspecto de la inteligencia del corazón que reconoce que esta disociación con
el amor es un componente de diseño necesario del proyecto más grande que está
ocurriendo en el planeta. En otras palabras, no es que la humanidad haya caído
de la gracia o que esté irrevocablemente inclinada hacia el pecado. Sino más
bien, simplemente hemos aceptado la representación de la realidad que es
dominante, y ese dominio no es por accidente sino que es parte de un diseño más
grande.
Hay una frase bien
conocida dentro de los Lyricus que burdamente traducida dice: “La elegancia del
tiempo es que desenreda las estructuras del espacio que han aislado al amor de
sí mismo”. Las estructuras del espacio, en este caso, se refieren al
instrumento humano. Solo el tiempo puede derribar las rígidas barreras o
membranas sutiles que impiden o disminuyen la frecuencia del amor para que
ejerza su sabiduría en los comportamientos del individuo.
Si el tiempo es la
variable de importancia, es lógico que cada uno está en su ruta para darse
cuenta de este hecho; es simplemente una cuestión de tiempo antes de que ellos
lo logren. Por lo tanto, el tiempo es la diferencia que nos separa. En cierto
sentido, todos nosotros estamos trasladados en el tiempo uno del otro. Nadie
opera exactamente en el mismo tiempo relativo para romper el sello de la
frecuencia de su amor desde el mundo de la forma.
El valor es el
aspecto de tu amor que defiende su presencia al enfrentar la injusticia como es
medida en el orden social. Si tú no defiendes tus virtudes –o las de aquellos
que son muy débiles para defender las suyas— tú te has separado de ellos y has
perdido la oportunidad para ser una fuerza co-creativa en el mundo de la forma.
Esto no
necesariamente significa que debas convertirte en un activista o defensor de
una lista de causas sociales. Simplemente requiere que te defiendas a ti mismo
de la injusticia. Los niños en particular requieren de esta protección. Cuando
tenía alrededor de siete años recuerdo vívidamente que iba a una tienda con mi
padre y mientras caminábamos por el aparcamiento notamos a una madre
literalmente sacudiendo a su niño en el asiento trasero del auto. Era un sábado
muy ocupado y había mucha gente en el aparcamiento, pero fue mi padre quien se
aproximó a la mujer y le pidió detenerse. Su voz fue firme con convicción y la
mujer inmediatamente se detuvo.
Este fue un acto de
valor porque no hubo juicio real asociado con éste; fue simplemente una
injusticia que requirió intervención en el momento. La compasión tanto con el
niño como con la madre estuvo presente en mi padre, y creo que la madre
entendió esto. Este es un ejemplo de cómo las virtudes del corazón rara vez
aparecen aisladas, sino más bien como una combinación que se trenza a sí misma
para fortalecer y vigorizar una situación dada.